El concepto de nivola en “Niebla” de Miguel de Unamuno

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En el año 1907, el gran escritor Miguel de Unamuno, da vida a la obra Niebla, obra que se publica 7 años después. El enfoque de la obra se centra en el personaje Augusto Pérez. Unamuno lo describe como un joven rico y solitario, estos rasgos formando de cierta forma una antítesis, porque se dice que la gente rica está rodeada de muchos amigos, pero también se puede tratar de la pura verdad, porque varias veces los ricos acaban solos.

Augusto, siendo un personaje solitario, muchas veces medita y reflexiona acerca de su vida. Su fiel y leal amigo es su perro Orfeo. Durante la historia Augusto se está enamorando de Eugenia. Por los ojos de Augusto, vemos a la mujer ideal que vale la pena todo el esfuerzo para ser conquistada.

Una de las escenas más importantes se encuentra al final de la obra, donde identificamos el enfrentamiento entre el protagonista, Augusto Pérez y Miguel de Unamuno. Esta escena revela el tema de la “imposible inmortalidad” y la inútil lucha ante el trágico destino. El autor interviene en los acontecimientos de los hechos, decidiendo matar a Augusto, pero antes que eso ocurra, él aclara el hecho de que todos estamos en las manos de un ser superior y que todos vivimos en una “niebla” que acaba con la vida:

Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió…! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos.”(Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, pp. 306-307)

Novela es el término con el cual podríamos definir la obra, pero según Unamuno, el libro no es una novela, sino una nivola. El término de nivola es un neologismo creado por Miguel de Unamuno, para referirse a sus obras de ficción narrativa, el autor deseando mantener una distancia entre las novelas realistas y sus novelas:

y conste que esto de la nivola es invención mía (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 4)

En el capítulo XVII observamos la confesión de Víctor Goti a Augusto, su buen amigo, sobre una novela extraña que está escribiendo y a la que ha decidido ponerle el nombre de nivola. Siguiendo con la confesión, admite el hecho que su novela

no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo […] sin plan alguno (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 172).

Goti apunta que lo más importante de su obra es el diálogo y no la “paja” narrativa, porque el autor pretende que no existe, pero, de hecho, es él quien maneja los eventos. Un poco confundido, Augusto contesta que la obra no será una novela. Víctor aclara la confusión diciendo que su obra será una nivola, continuando con la siguiente frase:

Pues así es como mi novela no va a ser novela, sino…, cómo dije?, navilo…, nebulo, no, no, nivola, eso, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género… Invento el género e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo! —¿Y cuándo un personaje se queda solo? —Entonces… un monólogo. Y para que parezca algo así como un diálogo invento un perro a quien el personaje se dirige. (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, pp. 174-175)

Igual que en el caso del hilo narrativo, para los personajes se aplica la misma regla, y los personajes

se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo. (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, pp. 172)

Según su definición, una nivola es una novela en donde el autor interviene en el desarrollo de los hechos y interacciona con los personajes, en la mayoría de los casos controlando sus destinos:

—Pues bien; la verdad es, querido Augusto—le dije con la más dulce de mis voces—, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes, […] tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto. (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 296)

De esta manera, la acción es una no muy común porque el autor interacciona con sus personajes, transmitiendo un ensayo filosófico, o poniendo en duda la “realidad”, así como se puede observar como el “ente de ficción”, Augusto, enfrenta a su autor, que sabe sobre su muerte, gritando:

¡Quiero vivir, quiero ser yo! (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 306)

La acción está reducida al mínimo, predominando el diálogo y el monólogo que son indispensables para expresar los pensamientos y sentimientos de los personajes. Un ejemplo importante que hay que mencionar, ocurre con los pensamientos de Augusto acerca del uso de los paraguas:

Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas—pensó Augusto—; tener que usarlas, el use estropea y hasta destruye toda belleza. La función más noble de los objetos es la de ser contemplados. (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 33)

En el caso de la nivola, el acento se pone en los sentimientos del personaje, por eso no abunde la descripción de paisajes, costumbres y del hogar de los personajes. En muchos casos, ni siquiera hay una localización temporal y espacial precisa. Los personajes presentan una sola particularidad de su personalidad, por eso se convierten en “personajes planos” frente a los “personajes redondos”, que encontramos en las novelas realistas. La vida del protagonista está presentada como creación y destrucción, alegría y dolor, perspectiva y valor individual, así como se puede observar al final del primer capítulo:

Sí, el hombre no hace sino buscar en los sucesos, en las vicisitudes de la suerte, alimento para su tristeza o su alegría nativas. Un mismo caso es triste o alegre según nuestra disposición innata. (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 40)

En el final de la obra Niebla, antes de morir, Augusto le envía un telegrama a Unamuno para informarle de su muerte:

Se salió usted con la suya. He muerto. (Unamuno, M., Niebla, Edición Luarna, p. 315)

Toda la novela es una metaficción. Unamuno se descompone, se transforma en ficción, para poderse reinventar. Por eso, su personaje acaba teniendo vida. La obra se propuso reunir la ficción y la realidad para que el lector se sienta confuso, cierre las páginas del libro preguntándose qué es verdadero y qué es “nivolesco” en él.

Bibliografía primaria

  1. De Unamuno, Miguel, Niebla, Edición Luarna (Obra producida sin responsabilidad editorial) 

Bibliografía secundaria

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno Consultado el 23 de febrero de 2020.
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Nivola Consultado el 23 de febrero de 2020.
  3. Maroco dos Santos, Emanuel, Unamuno escritor: Sus concepciones de autor, lector y personaje, Universidad de Salamanca 2018 disponible en usal.es Consultado el 23 de febrero de 2020.
  4. Martín Moran, José Manuel, La autogeneración de los personajes en Niebla, pp. 289-299 disponible en https://cvc.cervantes.es/  Consultado el 28 de febrero de 2020.
  5. Escritura creativa en las ondas, Edición Escuela de Escritores, disponible en https://escueladeescritores.com/ Consultado el 26 de febrero de 2020.

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