Las mujeres, las heroínas de día a día (parte 2)

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Foto: pixabay.com

Tratamos de superar el resumen que hicimos del período de la menstruación, en el artículo anterior, pero no antes de sugerirles a los hombres que no están convencidos de lo difícil y raro que puede ser, que se aseguren de tener la “película completa”, o sea, quédense junto a sus mujeres por todo el período por una vez; les aseguro que no van a pedir ver este período de nuevo.

Y si pensamos en si los hombres podrían vivir la película de las mujeres en carne propia, pues os digo sinceramente, no alcanzarían el final.

Bueno, ya, pasamos ahora a hablar sobre otro aspecto tan hermoso como el anterior en la vida de una mujer: la maternidad. Claro que ser mamá es una de nuestras grandes misiones como mujeres y es algo maravilloso, pero tiene también unos aspectos que deberían ofrecernos un poco más de respeto.

El momento en el que nos quedamos embarazadas es mágico, es lo más hermoso de nuestras vidas, pero cuando empezamos a engordar, cuando empezamos a pensar que nuestra pareja puede mirar a las flacuchas de la calle, cuando pensamos que no vamos a ser buenas mamás… nada nos parece mágico.

Y sí, estas pueden parecer tonterías, por voy a pasar a hablar sobre el momento clave: el parto. En el momento en el que el bebe quiere salir, nuestro mundo parece derrumbarse. Por lo que he escuchado y leído sobre la intensidad de los dolores hasta me pasa por la cabeza pedirle a Dios que nunca sea madre.

Imaginaos: vosotras, como mujeres, sentadas, sintiendo que os estáis rompiendo en pedazos, pensando en que sois responsables de una vida y que tenéis que pujar, aunque sintáis que todo dentro de vosotras se está destrozando…una imagen no tan agradable, ¿verdad?

A veces hay que hablar sobre cosas desagradables para demostrar algo.

Se dice que los dolores del parto son tan intensos que, si el cerebro femenino no tuviera la opción de olvidar y disminuir con el paso del tiempo esa intensidad, nunca más nos atreveríamos a dar a luz. Además, imaginaos si no todo sale tan bien, nosotras somos las culpables, por lo menos en nuestra opinión y así damos la bienvenida a la depresión. Hay también casos en los que todo sale bien, pero las madres se convierten en personas depresivas, gracias a la depresión post- parto.

Esta depresión es algo normal si dura alrededor de tres días después de dar a luz, pero hay casos de manifestación más severa que incluyen desorden alimenticio, estado mental frágil y dificultad en acercarse al niño de manera física y afectiva, entre los más conocidos. He visto una vez un experimento hecho por Badabun, un canal de Youtube, muy famoso a su tiempo en México, que suponía a los hombres mediante un aparato a la intensidad del dolor del parto usando ondas de choque. Cuando el aparato casi alcanzaba la mitad de la intensidad normal, los hombres renunciaban o gritaban de dolor. Unos cuantos casi-casi lloraban, rogando que se parara todo eso.

No voy a comentar de ninguna forma, voy a dejar esto en vuestras manos, pero me pareció un ejemplo relevante en este caso.

Después de un parto, hay también otras complicaciones: como el hecho de que la menstruación que nos había dejado por nueve meses se reinstala en nuestras vidas de manera inmediata y por un tiempo más largo de lo normal. Y esta viene con todo lo que hemos platicado antes. Además, al pasar el tiempo en el que nuestro cuerpo se repone después del esfuerzo, los cambios, la dilatación y todo eso, nuestra vida sexual está por el piso.

Aunque quisiéramos disfrutar de unos momentos íntimos, no es tan fácil: el cuerpo ya no está tan acostumbrado, aparecen estados de incomodidad, el placer está disminuido al principio gracias a la dilatación del parto y todo eso. Este estado incomodo es también algo que nos afecta mentalmente, porque nuestro cuerpo, que ha pasado por unos cambios bastante grandes, no siente todo igual que antes, siente como si fuera invadido, como si las cosas no suceden normalmente y claro que no es culpa de nuestra pareja, pero tampoco de nosotras. No es algo deseado, pero es algo real, que pasa en la vida de muchas mujeres que se convirtieron en madres.

Entre muchos otros aspectos, estos serían los más asombrosos que hacen parte de la vida de una mujer.

A lo mejor no hemos participado en guerras, pero nuestra vida muchas veces parece ser una. A lo mejor no tenemos la misma fuerza física de un hombre, pero tenemos la fuerza mental y espiritual que iguala la determinación de una leona que defiende a sus cachorros, la velocidad de un puma al perseguir a su presa y la necedad de una cabra.

Sé que esta es una combinación bastante ecléctica, ¿pero, acaso nosotras, las mujeres, no somos hechas de la misma manera?

Firmando,

la escritora del testimonio del dolor, una mujer entre muchísimas otras mujeres.

 

Si has leído este artículo y te ha causado tristeza por los aspectos no tan agradables de la vida femenina, te recomendamos que intentes reganar tu felicidad, usando como guía a este artículo .

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